Los “créditos de carbono” abren la puerta a nuevos ingresos en el olivar

Las prácticas para facilitar el secuestro de carbono y reducción de las emisiones desde el suelo mediante certificados reconocidos de alta calidad ya cuentan desde hace unos meses con un marco de certificación estable dentro de la Unión Europea. Que puede tener un impacto muy importante para determinadas actividades agrícolas. El pasado 19 de febrero el Consejo y el Parlamento Europeo alcanzaron un acuerdo político sobre el reglamento que establece el primer marco de certificación para las remociones de carbono a nivel europeo, el llamado Certification Framework for Carbon Removals (CFCR). 

Además, están comenzando a aparecer iniciativas novedosas que pretenden facilitar al olivarero de a pie la certificación y valorización de sus olivares mediante los llamados “créditos de carbono”.  El propio Consejo Oleícola Internacional (COI) ha abierto el plazo de contratación de un servicio técnico para la medición y certificación de emisiones de carbono en el sector para evidenciar el papel protagonista que puede tener el olivar como sumidero de CO2. El concurso cuenta con un presupuesto de 150.000 euros.

Otra de las últimas iniciativas en torno al carbono ha nacido en Jaén a través del Grupo Operativo ABSORCABOLIVO, formado por el Grupo Consule, la Universidad de Jaén, la Sociedad Cooperativa Andaluza Santa Teresa de Jesús y la Fundación del Común de Segura (HUB Territorial de Innovación), va a desarrollar un estándar de certificación de Créditos de Carbono accesible y de alta escalabilidad en el sector del Olivar.

Conocedoras estas cuatro entidades de los desafíos a los que el sector del olivar en general, y en particular el olivar tradicional, se enfrentan en la actualidad, se han unido aportando sus conocimientos y potencialidades técnicas para trabajar en el desarrollo de un estándar de certificación de créditos de carbono en el olivar que pueda ser ofertado con garantías en el mercado voluntario del Carbono.

La Universidad de Jaén, a través de la Unidad Funcional de Ecología, cuyo responsable es el catedrático Roberto García Ruiz,  del Instituto Universitario de Investigación en el olivar y aceites de oliva (INUO)  y el laboratorio INTELLFOO, al frente del cual está el catedrático Francisco Ramón Feito Higueruela, se han unido con la Consultora Grupo CONSULE, La S.C.A. Santa Teresa de Jesús y la Fundación del Común de Segura para desarrollar un estándar que certifique el incremento del Carbono orgánico almacenado en los suelos del olivar, y que esto pueda suponer una fuente de ingresos a los olivareros, especialmente en áreas donde los gastos de producción, la sensibilidad edáfica a la erosión y la competencia intracultivo entre otros, pueda suponer un futuro incierto de este sector productivo rural.

Hacerlo de manera accesible y altamente escalable será otra de las facetas que la UJA va a tratar de facilitar, para llegar al mayor número de agricultores/as y hectáreas con datos de laboratorio y su cotejo con técnicas de teledetección. Desde el pasado mes de marzo de 2024 y hasta el próximo mes de junio de 2025 se desarrollarán las tomas de muestras en fincas tipo, el análisis en laboratorio y análisis de imágenes satélite para comprobar la evolución de las cantidades de carbono almacenados en los suelos del olivar según las distintas prácticas agronómicas recomendadas para tal fin.

Los resultados se irán compartiendo con los agricultores a lo largo de la ejecución del proyecto, como destinatarios últimos de los beneficios que se deriven del mismo, a través de jornadas formativas e informativas que busquen el mayor impacto social.

En un interesante artículo sobre el tema, Juan Sagarna, director del departamento de Sostenibilidad, Calidad e Innovación de Cooperativas Agro-alimentarias de España, ha analizado en detalle todo lo que puede suponer para el sector agrario el acuerdo a nivel europeo sobre certificaciones de carbono y sobre todo las prácticas que se pueden ver más beneficiadas. Según Juan Sagarna, se diferencian cuatro tipos de actuaciones que generarían unidades o certificados diferentes:

-Certificados obtenidos por la eliminación permanente de carbono (almacenamiento de carbono atmosférico o biogénico durante varios siglos).

-Certificados obtenidos por el almacenamiento temporal de carbono en productos duraderos, como los materiales de construcción biogénicos como la madera o similares, con una duración mínima de 35 años.

-Certificados obtenidos por el almacenamiento temporal de carbono procedente de la agricultura o silvicultura de carbono. Algunas de las prácticas interesantes en España podrían ser la restauración de bosques y suelos, las nuevas cubiertas vegetales, la agricultura de conservación, los barbechos mejorados, mejoras en las rotaciones, cambio de herbáceos a leñosos.

-Certificados obtenidos por reducción de las emisiones vinculadas al suelo (procedentes de la agricultura de carbono), que incluyen la reducción de las emisiones de CO2 (menor uso de diésel y energía en las labores agrícolas) y óxido nitroso (gestión de la fertilización) derivadas de la gestión del suelo.

Los agricultores pueden obtener los dos últimos certificados mediante prácticas de agricultura de carbono. El beneficio de estas prácticas debe durar al menos cinco años para ser certificadas.


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