Las portuguesas Gallo y Sovena controlan el mercado de Brasil donde España ve grandes oportunidades

No todo en el mundo del comercio internacional y los aranceles son malas noticias. La exención temporal y extraordinaria decretada por Brasil al aceite de oliva (9%) junto a otros productos agroalimentarios como aceite de girasol, carne, café, azúcar, maíz o sardinas es una buena oportunidad para tratar de reforzar las exportaciones españolas de aceites de oliva en un gigante de más de 211 millones de habitantes con 11.000 dólares de renta per capita.

En Brasil, las ventas de aceite de oliva suponen en torno al 16 % del mercado de los aceites comestibles donde el uso culinario de aceites vegetales sustitutivos es más frecuente; especialmente el aceite de soja, que representa el 75 % de este mercado. A pesar de ello, el aceite de oliva es el que mayor crecimiento está teniendo en este mercado, con un crecimiento del 45,4 % en el último lustro.

Sin embargo, España no lo tendrá fácil. Brasil está entre los tres mercados emergentes en consumo de aceite de oliva a nivel mundial, sin ser prácticamente productor. Cada año puede llegar a importar entre 80.000 y 90.000 toneladas de aceites de oliva, de las que unas 58.000 proceden de Portugal. En algunos años, el consumo interior de Brasil ha llegado a las 110.000 toneladas de aceite de oliva. Siendo en el año 2024 de 90.000 toneladas.

Actualmente, España es el segundo exportador de aceites de oliva a Brasil, con unas 16.000 toneladas, pero a mucha distancia de Portugal. Las relaciones históricas y comerciales de ambos mercados, con muchas empresas cruzadas, le otorgan una ventaja competitiva a Portugal frente al resto de países exportadores, sin contar también con la facilidad del idioma. Aunque curiosamente, una buena parte de los aceites de oliva portugueses que entran en el mercado brasileño puedan tener origen español.

Hay que tener en cuenta que la producción brasileña de aceites de oliva no llega a cubrir ni el 1% de su consumo, aunque sigue aumentando año a año el número de hectáreas en producción. Muy enfocada sobre todo en pequeñas marcas de AOVE Premium, sin grandes proyectos de superintensivo por el momento, en un país de grandes latifundios agrícolas y forestales.

La eliminación de esta tasa se une a las mejores arancelarias que el reciente acuerdo firmado por Mercosur -en el que Brasil es un mercado clave- y la Unión Europea piensan desarrollar en los próximos años, con el aceite de oliva como uno de los productos más beneficiados.

Según el estudio estudio del ICEX sobre el mercado de aceite de oliva en Brasil, elaborado por su oficina comercial en Sao Paulo,las dos marcas más vendidas en la gran distribución del mercado brasileño son las portuguesas Gallo (Grupo Víctor Guedes) y Andorinha (Sovena). Entre ambas superan el 40% de cuota de mercado. Empresas como Borges y Carbonell también cuenta con cuotas por encima del 5% cada una.

Según el estudio del ICEX, en cuanto al tipo de aceite importado, el aceite de oliva virgen extra domina el mercado brasileño, representando más de la mitad de las importaciones totales de aceite de oliva en 2022. Con respecto al consumo de aceite de oliva, el país ha experimentado un aumento debido, en parte, a la transición hacia hábitos de consumo más saludables y a una mayor conciencia sobre la salud alimenticia.

Aunque Brasil es uno de los mayores consumidores de aceite de oliva fuera de la cuenca del Mediterráneo, el consumo per cápita es relativamente bajo, situándose en 0,55 litros en 2022, lo que aun deja margen para crecimiento. Sin embargo, factores como el precio final del producto y la desigualdad económica limitan el consumidor potencial a un segmento reducido de la población.


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