
El cultivo del olivo en Italia no es la sombra de lo que fue. Según datos del Centro de Estudios de ItaliaOlivícola, unas 200.000 hectáreas de olivar tradicional están en abandono y otras 300.000 están en riego de serlo en los próximos años al ser gestionadas casi por “mantenimiento”. Esto supone que en torno al 40% del total del olivar italiano es ya improductivo o está en vías de serlo. De ahí que no sea de extrañar que en la última década sean cada vez más comunes las campañas que se encuentran en torno a las 200.000 toneladas. Relegando a Italia a una producción por debajo de la de Grecia e incluso la de Túnez y Turquía, y muy cercana ya a la de Portugal.
En el caso español, la realidad del olivar abandonado no está tan estudiada, aunque el empuje de los nuevos modelos de cultivo en alta densidad o superintensivos y con riego, la falta de relevo generacional en zonas rurales, la falta de mano de obra y muy especialmente las campañas de bajos precios “ayudan” a que no se pierda de vista esta problemática. Sobre todo en aquellas provincias y comarcas donde el cultivo no es prioritario sino que siempre ha sido un complemennto familiar. Las estimaciones de las organizaciones agrarias situaban el olivar abandonado o en riesgo de serlo entre las 60.000 y las 90.000 hectáreas en nuestro país. Con zonas muy tensionadas como las provincias de Guadalajara, Salamanca, Zamora o zonas de sierra de la Comunidad Valenciana.
Con precios del aceite de oliva por debajo de los 3 euros/kilo resulta complicado no caer en la tentación del abandono en los casos de explotaciones complementarias, donde si no se cuenta con mano de obra propia (familiares, conocidos, amigos, etc), la propia recolección de la aceituna ya se lleva casi toda la posible ganancia. “Coger 1.000 kilos de olivar no mecanizado para que te paguen 350 ó 400 euros no te deja casi ningún margen salvo que hagas tú todo y reduzcas al mínimo los gastos en insumos, combustible para desbrozadora y poda,etc”, asegura un gerente de una cooperativa con sección de olivar en Castilla y León, una de las regiones más afectadas por el abandono.
La opción de los arriendos a largo plazo con condiciones favorables de dos terceras partes de la producción ni tan siquiera han logrado frenar en muchos casos la sangría que supone el abandono de olivar tradicional. En España sigue habiendo decenas de miles de hectáreas de olivar tradicional en alguna modalidad de arrendamiento o acuerdo privado entre propietario y arrendatario.
La cada vez mayor edad media de los propietarios en unos casos, unidad a la falta de relevo generacional por la marcha de sus descendientes a las ciudades, dibuja un panorama complejo para el mantenimiento y recolección de los olivares. Aunque sigue habiendo mucho “olivarero de fin de semana” en los casos de parcelas pequeñas, en otro tipo de olivares de mayor extensión o más complicados orográficamente, se impone su arrendamiento o alquiler. Aunque en cada zona olivarera puede haber sus singularidades, se mantiene una misma tendencia: cada vez, el arrendatario gana peso en el reparto de la cosecha ante la subida de los costes de producción.
Un dato esencial en los arrendamientos y sus condiciones económicas es si el olivar se encuentra en producción o en abandono. Según un análisis reciente realizado de forma muy práctica por APRORA, la Asociación de Productores de la Rioja Alavesa, “dado que la compra supone poder disponer de recursos económicos que pueden ser de cuantía importante, se están decantando por el alquiler a largo plazo. Hay que distinguir entre dos tipos de propiedades: aquellas que están siendo cultivadas y dan su cosecha más o menos regular todos los años y aquellas en las que se trata de la recuperación y renovación de los olivares por llevar varios años en abandono».
Según el análisis de APRORA, en el primer caso algo que vemos que puede ser justo el alquiler a 5 años con posibilidad de prorrogar por 5 años más. En estos casos el cultivador se suele quedar con el 80% de lo recolectado y el propietario con el 20%. Y en el caso de haber subvenciones lo lógico es que estas sean para quien está soportando el trabajo y los costes de mantenimiento.
En el segundo caso, cuando se trata de olivos sin cultivar desde hace un tiempo y que no están produciendo, se debe tener en cuenta que hasta el 4º o 5º año no habrá una cosecha con cierta consideración. Consideramos adecuado un contrato a más largo plazo, por ejemplo a 10 años y durante los primeros 4 o 5 años no hay retorno económico, por lo que no hay precio de arrendamiento. Se compensa con la recuperación del olivar, que ya adquiere mucho más valor que si siguiera abandonado. Y a partir de la primera cosecha considerable, se repartiría en un 80% para el cultivador y el 20% para el propietario o bien se puede establecer un 90% para el cultivador y 10% para el propietario durante los 10 años de contrato.
También hemos visto que si esa parcela recibe subvención esta puede ir al 100% quien la está cultivando, lo que nos parece más justo que el segundo caso que hemos visto, donde se reparte en igual proporción que lo acordado para la cosecha.
En cuanto al pago puede ser sobre aceitunas producidas o sobre el aceite obtenido. En el primer caso los porcentajes se aplican tal cual. En el segundo, en el caso de que se pague en forma de aceite, habrá que descontar el coste de la maquila (precio que cobra la almazara por elaboración del aceite y el envasado).