
Entrevista con
Miguel Abad
Consultor en Olivicultura y Elaiotecnia
¿Cuáles son los proyectos en olivicultura en los que has estado trabajando últimamente?
Este último año ha sido muy intenso. La transformación de una finca de 90 Has. de cítricos situada en Valencia a una de olivar en seto, en cultivo ecológico y regenerativo con variedades nuevas, como la Lecciana y la Coriana, combinado con variedades locales como la Alfafarenca y la Manzanilla Villalonga, está siendo todo un reto que rompe esquemas por producirse en el entorno en el que se está haciendo.
Otros relacionados con la mejora de la calidad de los aceites, como el seguimiento y detección precoz de la Bactrocera Oleae (Mosca del Olivo) mediante captura y conteo por cámara de visión sin tener que visitar el campo, para poder reducir el uso de pesticidas en el olivar; otros se han centrado en la mejora del contenido en fenoles en los aceites mediante el control de la nutrición en el olivar, el manejo del riego y la poda como puntos clave para esa mejora. Otros relacionados con la implementación en muchas fincas en las que colaboro, de plantas de compostaje y fabricación propia de biofertilizantes, entre otras muchas cosas.
La presión de los modernos sistemas de cultivo unido a la amenaza climática han redoblado la situación crítica de una parte del olivar tradicional. ¿Qué caminos debe reforzar?
Existen muchos tipos de olivar tradicional, unos van a estar más expuestos a estas circunstancias que otros, pero en general, aquellos que no se puedan transformar a olivares más moderno y mecanizables, no les queda otra que apostar por la máxima calidad de producto y la diferenciación más extrema, sin dejar de lado la producción ecológica y de regeneración de biodiversidad, para que dé esta manera puedan defender su sitio dentro del merado.
La conservación de los modos de vida de las personas que habitan estas zonas y la conservación a la vez de los entornos naturales en los que se encuentran debe de ser la apuesta. Solo de esta manera, tanto los consumidores, como los organismos públicos que regulan las políticas agrarias y las políticas de conservación de la naturaleza no los abandonaran a su suerte. No hay que olvidar que el consumidor es el que al final decide, por lo que los productores de este tipo de olivares deben de realizar una apuesta muy firme de comercialización y de información al consumidor. El futuro siempre está en el consumo nunca en las ayudas, estas solo deben de facilitar el arranque de cada proyecto, pero nunca deben de ser el fin.
La elaboración de aceites de oliva virgen extra suele adelantarse cada vez más en el tiempo. ¿Qué impacto tiene esta nueva tendencia en las almazaras?
El primer impacto es la adaptación a nivel industrial, la adecuación de los equipos industriales para la absorción de gran cantidad de fruta en un periodo corto de tiempo es una necesidad cada vez más evidente. La otra es la implementación de sistemas de control digital cada vez más precisos en el proceso industrial, controlar la producción y la calidad que estamos elaborando es absolutamente necesario y obligatorio.
El mercado cada vez es más complejo y cada pequeño detalle suma o resta muchísimo por lo que el uso de las nuevas tecnologías es ya imprescindible. Las almazaras deben intervenir más en las decisiones que se toman en el olivar, ya que solo de esta manera produciremos lo que realmente quieren nuestros clientes, aquí está la clave del éxito, ya se hace en la elaboración de los aceites de Alta Gama, pero esto hay que extenderlo al resto de las otras calidades.
¿La economía circular en el olivar está aún en mantillas?
Queda mucho camino por recorrer, no solo por parte del sector, sino también por parte de los organismos públicos. En general se es demasiado lento, tanto a la hora de legislar como a la hora de aplicar las técnicas y prácticas existentes por parte de productores y almazaras. Se puede cerrar absolutamente el circulo producto desde el campo hasta la industria, pero hay excesiva burocracia y escasa visión de futuro.