“Las claves del consumo de aceite a nivel español y mundial”, por Lisardo de Pedro Navarro, PhD y Mariano J. Iñigo Pardo, profesores de EAE Business School

consuo aceites foto

Texto:
Lisardo de Pedro Navarro, PhD
y Mariano J. Iñigo Pardo,
profesores de EAE Business School

Desde la última década del pasado siglo, el consumo mundial de aceite de oliva ha experimentado un aumento similar al experimentado por la producción ya que ambos  prácticamente se han duplicado a lo largo de las tres últimas décadas, habiendo pasado de cerca de 1,6 millones de toneladas en los 90 a superar los tres millones en la actualidad.

Sin embargo, y a diferencia de la producción, el incremento en el consumo no se ha producido en los países productores y tradicionalmente consumidores sino en algunos no productores.

Así, Italia y España siguen siendo los mayores consumidores de aceite de oliva en el mundo, seguidos hoy por Estados Unidos. No obstante, mientras en los mencionados países europeos su volumen se ha reducido respecto al de principios de siglo (más de un 20% y de un 10%, respectivamente) en Estados Unidos se ha triplicado en los últimos 25 años hasta situarse por encima de 300.000 toneladas anuales, frente a los menos de 500.000 toneladas del país transalpino y del nuestro.

Otros países no productores que han experimentado incrementos exponenciales en el consumo de aceite de oliva han sido Alemania y el Reino Unido dentro de la UE, donde se ha multiplicado por cinco; y Japón, Brasil, Australia y Canadá fuera de ella, en los que los crecimientos han llegado incluso a ser mayores. Sensu contrario, Grecia ha visto reducido su consumo en aproximadamente un 40%.

Las variables que explican este comportamiento son básicamente dos. La primera es la difusión internacional de las bondades del aceite de oliva y de la Dieta Mediterránea para la salud en países fuera del área donde nació (de hecho, la Dieta Mediterránea fue descubierta y formulada por primera vez por fisiólogos estadounidenses, lo que proporcionó mayor credibilidad a las evidencias científicas de sus ventajas nutricionales). Y la segunda es la subida de los precios como resultado de la mayor demanda mundial, situación que se ve acrecentada por su posicionamiento como producto saludable.

Precio
Ambas variables, que operan simultáneamente, hacen que el consumo aumente en países no productores con rentas elevadas como los anteriormente mencionados, mientras que en los países tradicionalmente consumidores, donde la sensibilidad al precio de un producto considerado tradicional es mucho mayor, disminuya.

Conforme a lo anteriormente expuesto, la pregunta que debe hacerse es si el mercado del aceite de oliva es un producto en el que la demanda es mayor que la oferta de manera que la producción es un factor que limita el crecimiento de la primera, o si funciona en sentido inverso. Estamos ante un mercado de demanda en el que el consumo sólo puede experimentar crecimientos en la medida en que la producción aumente, siendo, en suma, uno de los pocos productos de alimentación en el que se produce tal circunstancia.

En resumen: la previsión es que a medio y largo plazo siga aumentando el consumo mundial de aceite de oliva ya que las plantaciones de olivar realizadas en los últimos años no es sino a partir de ahora cuando comienzan a ser plenamente productivas; se estima que el período medio para que un olivo sea rentable y eficiente está alrededor de ocho años.

consumo aceites grafico

Consumo doméstico
Las cifras de consumo interno normalmente empleadas incluyen tanto el consumo doméstico como el extradoméstico (hostelería, restauración y catering), las ventas a granel (principalmente industria conservera) y las mermas resultantes de los procesos industriales a los que es sometido el aceite de oliva, siendo el primero de los apartados citados el más importante y el que aquí se va tratar.

Los datos recogidos en la tabla 1, obtenidos a partir del Panel de Consumo Alimentario del MAPA, muestran un descenso continuado del volumen de aceite de oliva consumido en los hogares en España durante los últimos 10 años, ya que frente a los 425 millones de litros del año 2008 en el año 2017 no se llegaron a alcanzar los 342 millones.

Sin embargo, en términos de valor el aceite de oliva consumido en los hogares ha experimentado la evolución inversa en el período considerado, ya que de los 1.256 millones de euros del año 2008 se ha pasado a los 1.373 millones de euros en el año 2017.

La explicación se encuentra en el continuado aumento de los precios como consecuencia del crecimiento de la demanda mundial, tal y como se ha explicado anteriormente, lo que unido en el caso de nuestro país a que se destine una cada vez mayor parte de la producción española al exterior, provoca un incremento en valor al mismo tiempo que una disminución en volumen.

Adicionalmente, el trasvase de consumo (gráfico 2) desde el aceite de oliva en favor del aceite de oliva virgen y, muy especialmente, del aceite de oliva virgen extra también contribuye a la subida del consumo en valor, en tanto en cuanto los dos últimos tienen precios más elevados que el primero.

No obstante, en los últimos tiempos vienen observándose unos cambios en los hábitos de consumo de este producto, muy especialmente entre los jóvenes, que no tienen relación exclusivamente con el precio. Así, y por sólo citar un ejemplo, el Estudio de hábitos alimentarios y estilos de vida de los universitarios españoles realizado por la Fundación Española de la Nutrición entre 978 estudiantes universitarios de toda España (excluyendo las islas, Ceuta y Melilla) durante el curso académico 2012-2013, señalaba que “el consumo de carnes y derivados cárnicos en general, además de grasas y dulces es, en la mayor parte de la población, excesivo, (mientras que) por el contrario, el consumo de aceites (oliva y girasol), cereales, cereales integrales y patatas, frutos secos, legumbres, frutas y verduras, presentan un consumo insuficiente por la mayor parte de los universitarios” (página 12), llegando a la conclusión de que “los valores presentados en esta población son de una adherencia intermedia-baja a la Dieta Mediterránea” (página 14).

Por tanto, nos deberíamos plantear la siguiente pregunta: ¿qué estamos haciendo para que mientras en otros países sea continua y progresivamente mayor la adopción de la Dieta Mediterránea, en España se esté abandonando? Y por ende: ¿acaso el menor consumo per cápita de aceite de oliva en nuestro país es una causa a estudiar por sí misma o un síntoma de algo mucho peor?

En resumen: da la impresión de que en los últimos años hemos puesto todo nuestro esfuerzo en la exportación del aceite de oliva y no le hemos prestado suficiente atención a la caída de su consumo a nivel nacional, la cual no se debe exclusivamente a una subida de los precios sino a unos cambios de hábitos de consumo de un calado mucho mayor.


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