La inflación pone en la diana al aceite de oliva por delante del petróleo

A finales del mes de marzo de 1999, el por entonces Ministro de Economía, Rodrigo Rato, reconocía que la subida de los precios del aceite de oliva en esa campaña le preocupaba mucho más que la del petróleo para poder contener la inflación. “El aumento del precio del aceite por la sequía en otoño puede crear mayores problemas a corto plazo sobre la inflación que el petróleo», aseguraba Rato en una reunión celebrada en Italia con el resto de ministros de economía europeos. Por aquel entonces la producción española era de unas 750.000 tn anuales, y unos enlaces de campaña medios de 300.000 toneladas. Suficientes para abastecer al mercado interior y la incipiente exportación.

Pero ni la inflación de aquel entonces, por debajo del 2%, ni el precio del aceite de oliva en el que cundía la preocupación cuando alcanzaba las 500 pesetas de entonces, son las de ahora. Pero la realidad macroeconómica, muy marcada por la inflación en los últimos tiempos, ha puesto también al Ministerio de Economía en la misma tesitura.

La fuerte subida del aceite de oliva en los lineales, provocada por la escasa cosecha del 2022/2023 (666.000 toneladas) unida al aforo presentado por el Ministerio de Agricultura de 765.000 tn para la actual -que puede mejorar por las últimas lluvias otoñales- han situado al aceite de oliva -junto al azúcar- como el producto agroalimentario más inflacionistas en lo que va de año.

Según los datos de la empresa de estudios de mercado NIQ, los precios de los productos de alimentación y bebidas siguen registrando variaciones al alza frente a un año antes y así, desglosado por grandes secciones, la alimentación incrementó su precio en un 9,7%, mientras que bebidas lo hizo en un 7,7% y droguería y perfumería fue un 6,3% superior respecto a septiembre de 2022.

Entre los productos más inflacionistas en el mes de septiembre, y debido a la escalada alcista del aceite de oliva en los últimos meses, la categoría de aceites asciende a la primera posición entre los productos que más elevaron su precio respecto a un año antes, con un incremento del 32,3%; le sigue el azúcar, con un 30,2% más; las verduras congeladas, con un 20,7% más; los alimentos infantiles, con una subida del 19,2%; el arroz, con un incremento del 17,4%; la parafarmacia de gran consumo, un 16,2% más; la protección solar, un 15,9% más; los helados, un 15,7% más; el queso tradicional, con una subida del 14,7% y los cereales para desayuno, con una del 14,5%.

Como ya se puso de manifiesto en su comportamiento en el mes de agosto, el aceite vuelve a constituir un capítulo especial en septiembre cuya demanda resiste, a pesar del incremento de precio, elevando sus ventas en volumen en un 5,5%. Esto se debe, principalmente, al crecimiento de la demanda del 28,2% del aceite de oliva virgen —a pesar de la notable subida en el precio del 75,2%—y del 24,4% en el volumen de girasol que, sin embargo, ve como desciende su precio en un 37,8%. Por su parte, el aceite de oliva disminuye sus ventas en volumen en 4,7%, al tiempo que eleva su precio en un 68,2% y el de oliva virgen extra reduce su demanda en un 17,2%, sin duda motivado por la subida de su precio en un 76,0%.

Esta situación en los precios de los productos agroalimentarios ha provocado un mayor protagonismo de nuevo de las marcas de distribución. A fecha de cierre de septiembre y en cuanto a la diferencia entre marcas, la situación sigue siendo similar a periodos anteriores, con un incremento de las ventas en valor de las marcas de distribuidor del 15,9%, frente a la subida del 7,2% de las marcas de fabricante, mientras que las ventas en volumen se elevan en un 5,2% para las primeras y disminuyen un 2,4% para las segundas.

Patricia Daimiel, directora general de NIQ para el Sur de Europa, ha señalado que “en general, y a excepción de la inusual situación del aceite de oliva, estamos observando como las subidas en las categorías más inflacionistas son más moderadas que en meses anteriores, mientras que ya se van observando algunas caídas de precios más significativas en ciertas categorías. Sin duda, —continúa Daimiel—la situación de precios altos va a influir en el comportamiento de los consumidores en la actual campaña de Navidad, que ya ha empezado en los establecimientos. Esperamos que los consumidores reorientarán de forma más calculada su gasto y podríamos ver así una mayor apuesta por las reuniones y celebraciones dentro del hogar, en detrimento de otros gastos más grandes como viajes, eventos y comidas fuera del ámbito doméstico”, asegura.

Hasta que lleguen las cifras de producción de aceite de oliva del mes de Diciembre, que junto a las de enero concentran el grueso de la campaña, la situación de tensión en los precios en origen se mantendrá expectante, ante el retraso previsto en muchos casos de la recolección en espera de fijar precios ya referenciados con los de otros países como Portugal y para intentar conseguir un mayor rendimiento, no siempre viable a expensas de la climatología.


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