
Todo el mundo habla del aceite de oliva. En las tertulias de televisión y radio, en los bares, en los supermercados, en cualquier charla familiar. Curiosamente, una de las peores crisis de producción de las últimas décadas, si los datos de la actual campaña, aunque alentados por la lluvia, se confirman, ha servido para poner otra vez el valor el aceite de oliva como producto estratégico de los hogares españoles. En cambio, cuando era posible encontrar garrafas de cinco litros por debajo de los 12 euros no hace tantos años, poco se hablaba de él y sus bondades.
Si se analiza la parte micro de los datos de la evolución del consumo se llega a una conclusión ligeramente positiva: el consumo de aceites de oliva virgen y virgen extra ha caído menos que los refinados, pero sobre todo ha disminuido en volumen menos de lo que parecía indicar su espectacular subida de precios en los lineales. Esto significa una mayor fidelización del consumidor de aceites virgen/virgen extra, pero también, en la parte negativa, un posible cambio en sus hábitos de alimentación y preparación de los alimentos. Es decir, no se prescinde valga lo que valga de comprar un producto de calidad pero limitamos su uso en la cocina. Un peligro real para el futuro consumo de aceites de oliva en los hogares que ya era palpable según las encuestas de consumo en hogares sobre todo desde hace varios años. El uso de la plancha, la cocción y el vapor, o el horno como forma de cocinar cada vez está más extendida frente a la fritura tradicional. Sin contar con la popularización o moda muy extendida, sobre todo entre el cliente más joven, de las freidoras de aire.
Está por ver, cuando la primera gran cosecha tras este parón regulen los precios por debajo de los cinco euros el litro, como este coyuntural cambio de costumbres en la cocina pero llegar a ser o no estructural y presiones el consumo de aceites de oliva más aún en nuestro día a día. En el caso del Canal Hostelería, el factor precio lleva siendo clave en los últimos años, unido a la “franquización” del sector y apuesta por platos elaborados y fast food.
El efecto de los precios del aceite de oliva en los lineales ya está teniendo efectos directos sobre formatos, usos y tipos de aceites. Un reciente estudio presentado en el Máster Propio en Administración de Empresas Oleícolas de la Universidad de Jaén realizado por Juan Carlos Marín, responsable de ultramarinos en Alcampo, Carmen Morillo directora financiera del Grupo Oleícola Jaén y el consultor Juan Vilar, muestra como entre los meses de enero y septiembre del 2023, “se ha producido una transformación en las preferencias del consumidor de aceites de oliva, virando a los vírgenes, en lugar de vírgenes extra, y también hacia los aceites de orujo, y sobre todos los formatos pequeños, con lo cual se está segmentando más la compra, dosificando su uso, comprando más on line, y aunque su fidelidad es firme, comienza a ceder en la demanda a favor de otros aceites de oliva, como es el caso del orujo y principalmente el girasol fuera de los oliva”.
En el estudio, que se ha llevado a cabo, entre los meses de enero y septiembre del presente año, ambos inclusive, teniendo en cuenta, todos los tipos de aceites y grasas consumidos en España en supermercados e hipermercados, se han analizado 63 hipermercados, y casi 250 supermercados.
En dicho estudio se vislumbra que entre los primeros 9 meses del año se ha producido una caída media de la demanda de aceites de oliva refinados del 10,2 por ciento, dicha caída ha sido superior en los envases de mayor volumen, como por ejemplo en el PET de 5 litros que ha cedido en un 24,68 por ciento, también cae el doble de puntos el suave que el intenso, menos 18 contra menos 9 por ciento, mientras que el aceite de orujo incrementa su demanda en más del 86 por ciento para el periodo estudiado, los precios conjuntos suben de media un 40,38 por ciento, subiendo más los envases de mayor volumen.
En el ámbito de los vírgenes, la demanda se incrementa un 2,14 por ciento, subiendo principalmente la demanda de vírgenes, no vírgenes extra, que lo hacen en un 68,46 por ciento, cayendo los vírgenes extra con mayor volumen más del 10 ,6 por ciento. El incremento de precio acumulado medio es del 31,12 por ciento.
Para los meses comprendidos entre enero y septiembre , ambos incluidos, se produce una caída de consumo acumulado de casi 200 mil toneladas, o lo que es lo mismo, un retroceso de consumo con respecto al mismo periodo del año pasado del 43,90 por ciento, sin nos referimos en los mismos términos a las exportaciones estas caen 320,4 toneladas, es decir, un 38,73 por ciento, sin embargo las importaciones crecieron en un 10,10 por ciento, no obstante en 2022 estas suponían un 8,7 por ciento sobre la producción total del país, y este ejercicio, para el mismo período analizado supondrían algo más del 21 por ciento.
Una respuesta a “El cliente fiel a los oliva vírgenes limita su uso en cocina pero no cambia a otras grasas vegetales”