Los hogares españoles consumen 200 millones de litros de aceites vegetales menos que hace 30 años

Un amplio porcentaje de hogares españoles, sobre todo de un perfil más joven, cuenta con un horno, un microondas y un air fryer. Cada vez que un electrodoméstico de este tipo se pone en marcha en un hogar, es una ventana de oportunidad menos para el consumo de aceites de oliva en el hogar. Como lo es también cada vez que un cliente activa en su app un a compra de comida rápida a domicilio por Uber o Glovo. En el canal Horeca, la masiva llegada de cadenas de comida rápida y el cierre de miles de bares y restaurantes donde lo común era la comida de cuchara y muchos platos fritos, también supone una ventana menos para el sector oleícola.

Los datos tanto del Panel Alimentario como de ANIERAC son claros. En las últimas tres décadas, desde mediados de la década de los 90 del siglo pasado, se ha producido una significativa pérdida de consumo de aceites vegetales en el hogar. Si en 1994 el consumo global de aceites (oliva+semillas) en los hogares superó los 715 millones de litros, el año pasado se quedó en los 476 millones de litros. Es decir, 230 millones de litros menos. Un fenómeno no solo español, sino también curiosamente que se repite en los mayores productores mundiales como Italia, Grecia o Portugal.

Sin tener en cuenta también la pérdida en el Canal Horeca o en comedores institucionales. Según los datos de ANIERAC, las ventas de sus asociados globales de aceites vegetales en el año 1994 fueron de 826 millones de litros mientras el año pasado se quedaron en 674 millones de litros.

Un ejemplo gráfico es el del “boom” de las tortillas preparadas, que ya son el tercer producto refrigerado más vendido en España tras pizzas y panificados, que muestra cómo ha cambiado el consumo alimentario en los últimos años en España. Cada tortilla que no se prepara desde cero en casa, es otra gran oportunidad pérdida para el aceite de oliva. También destaca el creciente peso en el consumo alimentario de la población inmigrante (8,8 millones de personas), mayoritariamente alejada de los usos del aceite de oliva.

Consumo anual
En el caso del aceite de oliva, su consumo medio anual en hogares según datos del MAPA en la última década ha caído de los 380 millones de litros. Y es un fenómeno más rápido de lo que parece. Hasta el año 2024 el consumo en hogares superaba los 400 millones de litros de forma holgada. Con consumo per cápita por encima de los 9 litros por persona y año.

Sin embargo, a partir del 2015 el consumo baja de los 380 millones y menos. Salvo en el año que comenzó la pandemia del COVID, 2020, que volvió a subir a 412 millones de litros. En el año 2023, ya muy afectado por la subida de precios en origen del aceite de oliva, las ventas se quedaron en los 285 millones de litros. Desde el año 2016 el consumo per cápita de aceites de oliva baja ya de los 7,5 litros por persona y año. Sin contar acontecimientos excepcionales como la COVID o la inusual subida de precios por las dos campañas de corta producción, el consumo de aceites de oliva en general en los últimos 15 años en España habría caído entre 80 y 100 millones de litros.

Pese a la caída global en el consumo de aceites vegetales, entre ellos de oliva en las últimas décadas, hay que destacar positivamente el gran aumento en el consumo de aceites de oliva virgen extra. Según datos de ANIERAC, que no suponen todo el conjunto pero sí son muy representativos del mercado comercial oleícola español, ha pasado de 26,2 millones de litros en 1994 a 128 millones de litros en 2022, último año sin el “efecto subida de precios”.

Con la caída de los precios del aceite de oliva en origen y en los lineales en los últimos meses, las previsiones del Ministerio de Agricultura apuntaban a que en la campaña 2024/2025 -de octubre a octubre- el consumo interno podría alcanzar las 526.000 toneladas de aceite de oliva, con una sensible recuperación en relación a los datos de la campaña anterior.


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