
Uno de los datos más llamativos que cada año incluye el Anuario de la Alimentación en España que edita Mercasa es el análisis de los perfiles de consumidores en sus diferentes productos, incluido el del aceite de oliva. Y aunque pudiera parecer al contrario, llama la atención que los hogares de nivel alto y nivel medio-alto cuentan con el consumo más reducido, mientras que los hogares de nivel bajo tienen el consumo más elevado.
Esta circunstancia tiene diferentes interpretaciones y explicaciones, que tienen que ver en muchos casos con los usos en la cocina de los propios consumidores. Hay menos gente de clase alta que cocina que la de clase baja y media-baja, históricamente. Y también en la actualidad por usos nutricionales más “sofisticados” en el consumidor de clase alta hacia una cocina con más plancha y vapor, de menos fritos, y sobre todo de menos cantidad en la comida.
El análisis de Mercasa, referido a los datos del año 2024, muestra también cómo los hogares sin niños/as consumen más cantidad de aceite de oliva, mientras que los consumos más bajos se registran en los hogares con niños/as menores de seis años. Si la persona encargada de hacer la compra no trabaja, el consumo de aceite de oliva es superior.
En los hogares donde compra una persona con más de 65 años, el consumo de aceite de oliva es más elevado, mientras que la demanda más reducida se asocia a los hogares donde la compra la realiza una persona que tiene menos de 35 años.
Los hogares formados por una persona muestran los consumos más elevados de aceite de oliva, mientras que los índices son más reducidos a medida que aumenta el número de miembros en el hogar.
Los consumidores que residen en ciudades de 10.000 a 100.000 habitantes cuentan con mayor consumo per cápita de aceite de oliva, mientras que los menores consumos tienen lugar en los núcleos de población con censos por debajo de 2.000 habitantes.
Por tipología de hogares, se observan desviaciones positivas con respecto al consumo medio en el caso de retirados, parejas adultas sin hijos, parejas con hijos mayores y adultos independientes, mientras que los consumos más bajos tienen lugar entre las parejas con hijos pequeños, las parejas jóvenes sin hijos, en los hogares monoparentales y los jóvenes independientes.
Finalmente, por comunidades autónomas, Galicia, País Vasco, y Cantabria cuentan con los mayores consumos mientras que, por el contrario, la demanda más reducida se asocia a la Región de Murcia, Castilla-La Mancha y Comunidad Valenciana.
El Informe sobre la Alimentación en España de Mercado del 2025, con datos referidos al 2024, asegura que durante el año 2024, los hogares españoles consumieron 264,7 millones de litros de aceite de oliva y gastaron 2.106,8 millones de euros en este producto. En términos per cápita, se llegó a 5,6 litros de consumo y 44,9 euros de gasto.
El consumo más notable se asocia al aceite de oliva virgen (2,9 litros por persona y año), seguido del aceite de oliva no virgen (2,8 litros per cápita). En términos de gasto, el aceite de oliva virgen concentra el 54,8%, con un total de 24,6 euros por persona, mientras que el aceite de oliva no virgen supone el 45,4% restante con un total de 20,4 euros por persona.
Durante los últimos cinco años, el consumo de aceite de oliva se ha reducido 3,3 litros por persona aunque el gasto se ha elevado en 18,6 euros per cápita. En el periodo 2020-2024, el consumo más elevado se produjo en el año 2020 motivado por los efectos de la COVID-19 (8,9 litros), mientras que el mayor gasto ha tenido lugar en el último ejercicio 2024 (44,9 euros por consumidor).
En la familia de aceite de oliva, la evolución del consumo per cápita durante el periodo 2020-2024 ha sido bastante parejo en los distintos tipos de producto. Respecto a la demanda de 2020, el consumo de aceite virgen extra experimenta un mayor retroceso mientras que el aceite virgen cuenta con una reducción un poco menos acusada aunque, en ambos casos, se advierte un comportamiento diferencial, según el análisis de Mercasa.