La industria de la dietética da la espalda al aceite de oliva y prefiere el girasol alto oléico, aceite de microalgas y colza

Las empresas de dietética que asesoran en el control y pérdida de peso y en dietas individualizadas han proliferado en los últimos años, captando a cientos de miles de clientes sobre todo de forma on line. Un filón que los fondos de inversión y las grandes multinacionales alimentarias no han pasado por alto dado su potencial. El último ejemplo lo encontramos en la compra de la empresa dietética Pronokal Group, propiedad del fondo ABAC Capital, por parte de la multinacional suiza Nestlé por unos 100 millones de euros a través de su división de ciencias de la salud. Nestlé ya estaba presente en este mercado con la empresa de barritas y batidos Optifast y también con Bodymed.

Pronokal facturó 45 millones de euros en 2021 teniendo presencia en 14 países y cuenta con 600.000 clientes. Este tipo de empresas, que al principio tenían a las mujeres entre sus principales clientes, han ido con el tiempo diversificando su perfil, tanto de hombres como de franja de edad. Con cada vez una clientela más joven, la que más interesaría conectar con el mundo del aceite de oliva que en gran medida desconocen.

Por lo general, el auge de este tipo de empresas de dietética no beneficia al sector del aceite de oliva, ni tan siquiera al del virgen extra, aunque pudiera parecer lo contrario. Huir de todo lo que tenga que ver con la fritura de los alimentos, en primer lugar, y el estereotipo que sigue teniendo el aceite de oliva como propenso a engordar –lo que varios estudios médicos han contradicho–, tampoco ayuda a que este tipo de dietas estrechen relaciones con el mundo oleícola. Este tipo de dietas y métodos de control de peso se basan sobre todo en proteínas naturales procedentes del huevo, la soja o la leche como base de gran parte de sus alimentos.

Si se analiza el “recetario” de comidas que este tipo de dietas ofrece en el mercado, se comprueba que incluso en platos que a primera vista parecerían cercanos a los tradicionales – cremas de verduras, sipas de pollo, rissoto, etc– las grasas utilizadas en todos los casos son el girasol alto oléico, el aceite de colza, el aceite de microalgas o el aceite de pescado microencapsulado. Del aceite de oliva, ni tan siquiera el virgen extra, hay ni rastro.

Esta la composición de uno de los platos recomendados en su dieta por una de estas grandes empresas especializadas en control y pérdida de peso: “Proteínas de leche (emulgente: lecitinas [girasol y soja]); harina de trigo; clara y yema de huevo en polvo; fibras de trigo; proteínas de trigo (proteínas de trigo, almidón de trigo) (contiene sulfitos); aminoácidos: L-treonina, L-lisina, L-metionina, L-leucina, L-valina, L-isoleucina; sal; aceite de pescado microencapsulado (aceite de pescado refinado (atún), gelatina de pescado (tilapia), antioxidantes: ascorbato de sodio y extractos ricos en tocoferoles, aceites vegetales (colza, girasol), aroma natural, acidulante: ácido cítrico); gasificantes: fosfato de sodio, carbonato de sodio (contiene trigo); antiaglomerantes: carbonato de potasio, carbonato de magnesio; aroma”. Del aceite de oliva, ni una gota.

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