Trump y Kennedy Jr recomiendan el aceite de oliva al mismo nivel saludable que el sebo de vacuno y la mantequilla

Estados Unidos pasa por ser uno de los países del mundo con más problemas de salud asociados a su alimentación, tanto a nivel cardiosaludable como a la obesidad y la diabetes. Con un consumo per cápita en medicamentos muy alto. Por ello, la publicación de la nueva guía alimentaria 2025/2030 ha tenido tanta repercusión.

Bajo el eslogan de “Comer comida real” y el “Make American Healthy Again” que juega con el movimiento MAGA que da soporte al ejecutivo de Trump, la nueva guía da pasos en la dirección que el colectivo científico y nutricionista llevan apoyando año, pero también introduce controvertidas recomendaciones que parecen mirar más hacia los votantes agricultores y ganaderos del Medio Oeste del Partido Republicano (Texas, Nebraska, Kansas e Iowa) que a los de California, estado tradicionalmente de voto demócrata. Y el aceite de oliva está en medio de estas singulares recomendaciones a la hora de elegir las mejores grasas para cocinar.

Según indica el preámbulo de la “Dietary Guidelines for Americans” editada por la USDA y que firman el Secretario de Salud Pública (Robert G. Kennedy Jr.) y la Secretaria de Agricultora (Brooke L. Rollins), “para que Estados Unidos vuelva a estar sano, debemos volver a lo básico. Los hogares estadounidenses deben dar prioridad a las dietas basadas en alimentos integrales y ricos en nutrientes: proteínas, lácteos, verduras, frutas, grasas saludables y cereales integrales. Junto con una reducción drástica de los alimentos altamente procesados cargados de carbohidratos refinados, azúcares añadidos, exceso de sodio, grasas poco saludables y aditivos químicos, este enfoque puede cambiar la trayectoria de salud de muchos estadounidenses.

Estados Unidos se encuentra en medio de una emergencia sanitaria. Casi el 90 % del gasto sanitario se destina al tratamiento de personas que padecen enfermedades crónicas. Muchas de estas enfermedades no son un destino genético, sino el resultado previsible de la dieta estadounidense estándar, una dieta que, con el tiempo, se ha vuelto dependiente de alimentos altamente procesados y se ha combinado con un estilo de vida sedentario”.

La Guía 2025/2030 realiza una destacada autocrítica. “Durante décadas, los incentivos federales han promovido alimentos de baja calidad y altamente procesados, así como la intervención farmacéutica en lugar de la prevención. Esta crisis es el resultado de malas decisiones políticas, una investigación nutricional inadecuada y una falta de coordinación entre los socios federales, estatales, locales y privados. Esto cambia hoy. Estamos reajustando nuestro sistema alimentario para apoyar a los agricultores, ganaderos y empresas estadounidenses que cultivan y producen alimentos reales, y la administración Trump está trabajando para garantizar que todas las familias puedan permitírselos. Estamos volviendo a situar los alimentos reales en el centro de la dieta estadounidense. Alimentos reales que nutren el cuerpo. Alimentos reales que restauran la salud. Alimentos reales que aportan energía y fomentan el movimiento y el ejercicio”.

Con una apostilla política. “Bajo el liderazgo del presidente Trump, estamos restaurando el sentido común, la integridad científica y la responsabilidad en la política federal de alimentación y salud, y estamos recuperando la pirámide alimenticia y devolviéndola a su verdadero propósito de educar y nutrir a todos los estadounidenses. El futuro de Estados Unidos depende de lo que cultivamos, lo que servimos y lo que elegimos comer”.

En la página 3 de la Guía 2025/2030, que consta de 9 páginas, encontramos la principal (y casi única) recomendación sobre el consumo de aceites de oliva incluida en el epígrafe de grasas saludables. Y aunque se recomienda especialmente su consumo, se hace al mismo nivel que el sebo de vacuno y la mantequilla -gran industria en varios estados ganaderos de EE.UU.. Tambièn se recomienda el consumo de aceitunas. “Las grasas saludables abundan en muchos alimentos integrales, como las carnes, las aves, los huevos, los mariscos ricos en omega-3, los frutos secos, las semillas, los lácteos enteros, las aceitunas y los aguacates. Al cocinar con grasas o añadirlas a las comidas, dé prioridad a los aceites con ácidos grasos esenciales, como el aceite de oliva. Otras opciones pueden ser la mantequilla o el sebo de vacuno”.

Las recomendaciones sobre el consumo de grasas saturadas también se destacan de forma nítida. “En general, el consumo de grasas saturadas no debe superar el 10 % del total de calorías diarias”.

Y aunque parezca mentira, tras los numerosos estudios realizados en la Unión Europea y España a la cabeza -como el Predimed Plus- y a las recomendaciones que la propia USDA estadounidense permite en los envases de aceite de oliva virgen extra, la Guía 2025/2023 destaca que “se necesitan más investigaciones de alta calidad para determinar qué tipos de grasas alimentarias son las más beneficiosas para la salud a largo plazo”.

Es de suponer que la propia Administración de EE.UU. cuenta con destacados estudios científicos para avalar las virtudes saludables del sebo de vacuno y de la mantequilla como grasas para cocinar”. Aunque no se conozcan en la opinión pública.

Hay que recordar que Estados Unidos es uno de los tres mayores consumidores de aceites de oliva del mundo, junto a España e Italia, con un volumen que se acerca a las 400.000 toneladas anuales. Y una producción muy limitada, que no alcanza el 2% de su consumo anual, sólo desarrollada en el Estado de California.  


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