
Entrevista con
Fernando Córcoles
CEO de JAENCOOP Grupo
En los últimos años, el Grupo Jaencoop se ha afianzado como uno de los grandes grupos productores y comercializadores de aceites de oliva en el mercado español e internacional. Con nuevos proyectos, como en bodegas de aceite, así como mejores de carácter medioambiental y de eficiencia energética, y en material de implementación de normas de calidad y gestión ambiental. Con una apuesta clara también por la elaboración de AOVEs de calidad como lo demuestra los premios conseguidos por alguno de sus aceites como el AOVE temprano Saqura.
Todas las campañas tienen sus singularidades, y en esta lo han sido las lluvias persistentes. ¿Cómo ha ido para Jaencoop la campaña en cuanto a producción y calidad?
Esta ha sido una campaña claramente condicionada por la climatología. Las lluvias persistentes han supuesto un reto importante desde el punto de vista operativo, especialmente en momentos clave de la recolección, tanto en campo como en almazara.
Aun así, en Jaencoop hemos logrado producir los volúmenes necesarios para atender las necesidades de nuestros clientes, acompañándolos en su crecimiento y, lo más importante, hemos conseguido mantener unos altos estándares de calidad. Esto ha sido posible gracias al esfuerzo coordinado de nuestros socios, nuestras almazaras y a la apuesta por procesos cada vez más eficientes y homogéneos dentro del Grupo, extendiendo las mejores prácticas individuales al colectivo.
Además, las circunstancias climatológicas previas a las lluvias nos han permitido obtener aceites muy equilibrados.
El consumo de aceites de oliva se enfrenta a grandes desafíos, entre ellos el cambio en los hábitos de consumo. ¿Cómo cree que debe afrontarlo el sector?
La transformación en los hábitos de consumo es una realidad constante que debemos asumir como una magnífica oportunidad de crecimiento en el sector en general y en nuestro Grupo en particular. El aceite de oliva tiene que estar presente en esos nuevos contextos, como la alimentación preparada o el consumo creciente fuera del hogar.
Para ello, es fundamental colaborar con la industria alimentaria, la restauración y los nuevos (y tradicionales) canales de distribución, para que el aceite de oliva siga formando parte esencial de la dieta y avancemos en la conquista de la salud, sustituyendo paulatinamente los aceites menos saludables por las bondades que ofrece para nuestra salud el aceite de oliva, tanto para la creciente población adulta como para los que inician sus primeros contactos con el aceite de oliva más jóvenes.
Al mismo tiempo, debemos seguir reforzando la comunicación hacia el consumidor final, destacando los beneficios del aceite de oliva virgen extra y su papel en la dieta mediterránea. La formación de los consumidores finales sigue siendo un factor clave.
¿Cómo puede el sector mejorar la eficiencia y la cadena de valor para garantizar su fortaleza en el medio rural?
La respuesta pasa por la integración, la profesionalización y la innovación. Modelos cooperativos como el nuestro permiten ganar dimensión, optimizar costes y mejorar la competitividad.
Debemos seguir avanzando en digitalización, eficiencia energética y mejora de procesos, pero también en capturar más valor en origen a través de la comercialización y la diferenciación.
Así mismo es preciso que se afronten desde los colectivos locales métodos innovadores que permitan afrontar el problema del relevo generacional y la mejora de costes mediante la prestación de servicios colectivos más eficientes y eficaces.
Todo esto tiene un impacto directo en el medio rural: un olivar rentable es sinónimo de empleo, desarrollo y fijación de población. Y en eso el cooperativismo tiene un papel esencial.