El olivar crece en Castilla y León bajo la sombra de Ribera del Duero y Rueda

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Olivar de sierra en Fermoselle (Zamora) Foto: A. Martín

En la patria del Ribera del Duero, Rueda, Cigales o Toro, las denominaciones estrella de vino de Castilla y León, también hay grandes aceites de oliva virgen extra. El olivar castellano-leonés siempre ha ocupado un segundo plano a nivel nacional, aunque históricamente ha tenido gran importancia en municipios del Valle del Tiétar, en Ávila, y en los Arribes del Duero, en la Salamanca que mira a Portugal.

Actualmente la región cultiva unas 8.300 hectáreas de olivar y unos 1,49 millones de olivos, mayoritariamente tradicionales, con variedades como la Manzanilla Cacereña, la Redondilla, la Zorzal y la Ocal. Del total, unas 3.800 hectáreas se cultivan en la provincia de Ávila, en su zona fronteriza con la provincia de Cáceres, y otras 3.000 en la de Salamanca.

La provincia de Valladolid, con unas 1.000 hectáreas, ha sido la que más ha crecido en los últimos años en extensión del cultivo gracias a proyectos de intensivo como los de Páramo de Valdecuevas, en Medina de Rioseco, y Matarromera con Oliduero, en Medina del Campo. Un nuevo empujón al sector del aceite de oliva castellano-leonés, de la mano de grandes grupos agroalimentarios locales, que ha supuesto la llegada de variedades hasta ahora poco implantandas en estas frías tierras como la Picual, Arbequina y la Arbosana.

En cuarto lugar se sitúa la provincia de Zamora con unas 360 hectáreas, mientras que la presencia del olivar es casi inexistente en Segovia, León y Soria. Desde el año 2000, el olivar regional ha crecido en unas 1.000 hectáreas, sobre todo de proyectos en intensivo.

Durante la pasada campaña, Castilla y León produjo 1.479 toneladas de aceite de oliva, entre sus 20 almazaras, de las que 10 se ubican en la provincia de Ávila y 6 en Salamanca. Cifras que demuestran cómo la apuesta por la comercialización directa de aceites de oliva virgen extra diferenciados y cada vez más en ecológico –y que algún día incluso podrían tener su sello de calidad propio– es su única salida. Ya que en producción, Castilla y León solo supera actualmente a Baleares, Galicia y País Vasco.

Hay que destacar la apuesta por la supervivencia del cultivo de cooperativas abulenses como la del Puente en Arenas de San Pedro, el Campo de la Beltraneja en Mombeltrán o San Pedro Bautista.  Y las de Lagunilla, Garcibuey o Sotserrano en la Sierra de Francia salmantina. O de proyectos  privados como el de la SAT Aceiteros del Águeda en Ahigal de los Aceiteros en Salamanca, o los de Almazara Los Vivales (Grupo Olivarero del Duero) en la localidad zamorana de Sanzoles.

Después de todo, aunque pocos lo recuerden ya, Castilla y León fue una de las regiones pioneras en la comercialización moderna de aceite de oliva en España gracias a la marca leonesa Elosúa, creada en la década de los 30 del siglo pasado por el empresario Marcelino Elosúa Herrero. Ahora manda en los negocios del vino, pero no quiere olvidarse de sus singulares olivos.


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