La travesía del desierto de bares y restaurantes amenaza las ventas de monodosis y envases pequeños para desayunos

compra bares
Lineal de monodosis y envases pequeños en un centro de Makro

Uno de los sectores que más está pagando la crisis del Coronavirus y que presumiblemente más tardará en ver la normalidad de su negocio, es el de los bares y restaurantes. España pasa por ser uno de los países del mundo con más densidad de bares y negocios de hostelería por habitante. Un sector en constante cambio en los últimos años con más presencia de enseñas franquiciadas y menos de locales familiares que resulta también estratégico para el sector del aceite de oliva y el de orujo de oliva.

En España hay en torno a los 280.000 locales relacionados con la restauración que representan, junto con los comedores de colectividades en torno al 33,5% del consumo agroalimentario en España, según datos del último Anuario de la Alimentación en España de Mercasa.

Según un reciente análisis realizado por Juan Vilar Consultores, restaurantes, bares y colectividades suponen en torno a los 90.000 toneladas de consumo de aceites de oliva, en sus diferentes categorías. Un importante trozo de la tarta oleícola que va desde las monodosis y las botellas de 250 ml en los desayunos –que esperan una dura travesía del desierto en los próximos meses– al uso en la cocina. En este caso, para las frituras se han ido imponiendo en los últimos años otro tipo de grasas de laboratorio, como los aceites especiales para freír de semillas.

Aunque parece que fue ayer, el Gobierno aprobó en Noviembre del 2013 la Ley de Aceiteras Irrellenables, una demanda histórica del sector, que prohíbe las aceiteras rellenables y determinaba el etiquetaje obligatorio de los envases de aceite en hostelería, restauración y catering. Dicha ley entró en vigor de forma escalonada el 1 de enero del 2014 y aunque su cumplimiento ha sido muy desigual –el fácil ver estos últimos años envases rellenables en las mesas de bares y restaurantes– sí ha supuesto una mayor concienciación del Canal Horeca y sobre todo por parte de los clientes.

Y es que los hábitos saludables han supuesto que el desayuno de pan y aceite de oliva (si es virgen extra mucho mejor) se vaya imponiendo como una alternativa muy sólida al de la bollería industrial o al de los churros, en clara disminución.

La actual coyuntura a la que se enfrenta la hostelería tanto por la psicología del miedo instalada en los clientes como por la menor renta disponible que habrá en muchos hogares deja entrever una compleja travesía del desierto para el sector. Que a buen seguro dejará muchos locales cerrados en los próximos meses. Y que afectará de forma significativa al sector oleícola ya que el consumo en bares, restaurantes y colectividades ha supuesto por ejemplo en esta campaña en torno al 8% del consumo sobre la producción.


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