
Texto:
Ignacio Biedma
Account Development Manager de NIQ
Vivimos tiempos convulsos en el mercado de los bienes de gran consumo. El pasado año, la cesta de la compra de los españoles registró una cifra récord de facturación superando la barrera de los cien mil millones de euros, alcanzando, en concreto, 105.000 millones de euros en ventas en valor. Evidentemente, la situación de inflación que estamos viviendo, ya durante demasiados meses, ha sido el motivo de este aumento y, precisamente, dentro de las categorías más inflacionistas de la composición de la cesta de la compra, figura el apartado de los aceites alimentarios.
En concreto, el mercado de aceites comestibles que está incluido en el canal de alimentación alcanzó una de las cantidades más altas de facturación de los últimos años con una cifra de negocio de 1.720 millones de euros, a fecha de año cerrado a 12 de marzo de 2023, lo que supone un incremento del 17% superior al año anterior, una cifra que se añade a un año 2022 que a su vez que ya había crecido un 20%.
Como exponía más arriba, ciertamente este crecimiento proviene de un incremento importante en los precios y que se ha situado, en el caso de los aceites alimentarios, en un 42% del precio medio del litro. Lógicamente esta escalada por encima de las cuatro decenas ha provocado una respuesta en la demanda del consumidor y de esta forma, el volumen registrado en la compra de aceites comestibles ha disminuido un 18% en litros en el último año, situándose una cifra de 435 millones de litros.
Categorías de aceites
Después de la escalada alcista en precios que empezó a sufrir el aceite de oliva en el año 2021 se produjo cierto trasvase hacia el de girasol. Y aunque veníamos de una subida también en el precio de este aceite de semillas, la guerra de Ucrania elevó aún más su precio. No obstante, si nos atenemos al total de las categorías, el aceite de girasol continúa como líder del mercado en volumen, gracias a su ventaja en el precio, con 156 millones de litros, aunque suponga un 23% menos respecto al año anterior; seguido del aceite de oliva con 135 millones de litros, un 15% menos respecto al año anterior, y del aceite de oliva virgen extra (AOVE) con 105 millones de litros, lo que representa una disminución del 8,3% respecto al mismo periodo. El resto de los aceites constituyen 39 millones de litros en el canal de alimentación.
Por lo que respecta a la facturación, a la cabeza se sitúan los aceites de oliva con 600 millones de euros, un 16% más sobre el año anterior; seguido del aceite de oliva virgen extra, con 548 millones de euros de ventas en valor, lo que supone un 12% más que el año anterior, y por último, el aceite de girasol con 156 millones de euros desembolsados, lo que significa un 30% más respecto al año pasado.
Escalada de precios
Como señalaba anteriormente y analizando la tendencia en precios medios, el más inflacionista, con impacto directo por la guerra de Ucrania, es el aceite de girasol que se incrementó un inusual 69%. Por su parte, el aceite de oliva creció en un 36% mientras que el AOVE experimentó un crecimiento del 22%. Sin embargo, cabe destacar que en las 10 primeras semanas de este año 2023, ya podemos apreciar una cierta moderación en el incremento del precio medio del aceite de girasol (+20%) frente a una mayor presión al alza de AOVE (+34%).
Si observamos los canales de venta, la gran mayoría, el 78,6% del volumen de aceites, se comercializa en los puntos de venta físicos de los supermercados, mientras que el 15,7% lo hace en los hipermercados, el 3,3% se compra en establecimientos independientes y por último, un 2,4% se adquiere en el canal online. Como dato reseñable, figura que los hipermercados han mejorado su cuota de mercado el último año en 0,8 puntos frente a los supermercados.
Precisamente, son los hipermercados los que tienen mayor concentración de mercado en el AOVE, con el 24,8% del volumen comercializado, mientras que los supermercados lo hacen en el aceite de girasol alcanzando un 84,9% del volumen comprado. Por su parte, el canal online se hace fuerte, alcanzando su máximo en AOVE, con una cuota del 3,4% del total de litros vendidos de esta variedad.
Presente en menos hogares
Además de la ya mencionada inflación, si atendemos al comportamiento de compra de los hogares españoles, la situación de estos últimos tiempos —con la vuelta a las comidas fuera de casa, la guerra en Ucrania, la propia inflación, entre otras tensiones— ha hecho que el porcentaje de hogares que compran aceites comestibles anualmente se haya visto reducido en 4 puntos, pasando de un 95% a comienzos de 2021 hasta un 91% en la actualidad. El que más se ha visto afectado por esta situación ha sido el de girasol, que de estar presente en el 68% de los hogares en el año cerrado a febrero de 2021 ha disminuido hasta el 61% actual. Respecto al conjunto de los aceites procedentes de aceituna, han pasado de un 85% a un 80% en estos mismos periodos.
Pero entre otros patrones de comportamiento entre los consumidores españoles, hay que decir que no sólo el número de hogares compradores se ha visto impactado, sino también otras variables como la cantidad que compramos por acto de compra, que se ha visto reducida en estos tres últimos años, pasando de 2,21 litros a 2,08 litros en el último año para total de aceites.
Y por último hay que reseñar, que también vamos en menos ocasiones a comprar aceites, siendo este dato de 12,5 veces al año hace tres años, a 11,2 ocasiones en el último periodo, lo que significa un 10% menos de ocasiones. Desglosado por variedades hay que señalar que en el caso de girasol vamos 6,2 veces y en el conjunto de aceites de oliva 8,2 ocasiones. En ambos casos, se registra una reducción de la frecuencia de compra similar.
Estamos, sin duda, en una coyuntura compleja para el sector del aceite, sobre todo si tenemos en cuenta que venimos de un año 2020 donde el consumidor español, como consecuencia de la pandemia, cocinaba más en casa, y había recuperado hábitos y momentos de consumo que habían disminuido y que desde luego eran propicios para el uso del aceite en las cocinas de los hogares.
Aunque afortunadamente, la pandemia pasó y debido a la recuperación del consumo fuera del hogar, se preveía una cierta pérdida de los volúmenes ganados por esta situación, con la llegada de otras fuertes tensiones —sobre todo la guerra de Ucrania, el incremento de los costes de suministro y producción, etc.—, se ha producido la tormenta perfecta que ha ocasionado un fuerte incremento de los precios y una importante caída del volumen en el sector. Esperemos que estas tensiones vayan remitiendo y podamos asistir a una recuperación de los volúmenes en un mercado de alto valor para los consumidores y para la economía. Sobre todo, el del aceite de oliva que sigue siendo una pieza fundamental de nuestras dietas gracias al componente saludable que lo rodea.