¿Qué pasará cuando el olivar español alcance los 2 millones de toneladas por campaña?

olivar español
Olivar en Úbeda, Jaén, en el mes de mayo

Juan Vilar y Manuel Parras responden a los interrogantes sobre el fuerte aumento de la producción de aceite de oliva española y mundial previsto, los nuevos actores del mercado, el futuro de los precios y los retos organizativos del sector productor.

El mercado oleícola se ha globalizado. Asentado en la cuenca mediterránea -con España, Italia y Grecia como pilares- su expansión tanto en producción como en consumo ha sido meteórica fuera de sus fronteras históricas. El reciente premio a una almazara china en los últimos premios Mario Solinas del COI es muy ilustrativo de este nuevo escenario. Como que pronto Estados Unidos consumirá más aceite de oliva que España. La producción estable de olivar se acerca a los 60 países en el mundo, donde se cultivan más de 11,5 millones de hectáreas. Un incremento decisivo de la producción motivado también por el empuje de los nuevos olivares intensivos y superintensivos- que deja en el aire muchos interrogantes de futuro. Entre ellos, hasta dónde llegará producción española y mundial y qué efectos tendrá la misma sobre los precios.

Hemos preguntado a dos grandes expertos como Juan Vilar, consultor estratégico y Profesor Permanente de Universidad en excedencia, además de Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales. Autor de un reciente y muy documentado trabajo sobre “La Olivicultura Internacional”, en colaboración con Jorge E. Pereira y editado por la Fundación Caja Rural de Jaén. Y también a Manuel Parras, Catedrático de Comercialización de Mercados de la Universidad de Jaén y coordinador, junto a José A. Gómez-Limón de un reciente volumen sobre “Economía y Comercialización de los aceites de Oliva”.

¿Es factible que el olivar español, al ritmo de nuevas plantaciones y si se dan las condiciones climáticas, alcance en próximas campañas los dos millones de toneladas de producción de aceite de oliva?

Juan Vilar: Actualmente no solo existe capacidad para que el olivar español (supone el 22% del olivar mundial, y aproximadamente el 50% de la producción), produzca 2 millones de toneladas de aceite, sino, que la superficie mundial, 11,5 millones de hectáreas, está preparada para poder producir más de 4 millones de toneladas. Durante los últimos 15 años se han plantado más de 1,7 millones de hectáreas de olivar, ello supone una superficie idéntica a la de Túnez, segundo país por orden en superficie, aunque en este caso la densidad es mayor. De producirse la climatología adecuada en la cuenca mediterránea de precipitaciones, sin duda, llegaremos a los 4 millones de toneladas producidos por estos 58 países donde la olivicultura ya está presente, y ello, por supuesto, se verá reflejado en la cotización de nuestros aceites. La olivicultura española se ha de preparar para este competitivo entorno que se aproxima.

Manuel Parras: No es una hipótesis descabellada, sino todo lo contrario. En España hay más olivos y mucho más productivos. Las hectáreas de olivar no paran de aumentar. Así, en el período 2005-2015, la superficie de olivar para aceituna de almazara ha crecido en 65.000 hectáreas. A ello hay que sumar la incorporación del regadío en olivares tradicionales y el desarrollo del olivar intensivo y superintensivo. Pensar en 2 millones de toneladas de producción es real, si dan las condiciones climáticas propicias que se darán porque la climatología responde a ciclos.

¿Qué repercusiones sobre los precios en origen y sobre el comercio internacional de aceites de oliva tendrían dichas producciones?

Juan Vilar: De llegarse a esas cotas de oferta los efectos el único modo en que la oferta y la demanda buscarían el acomodo, el equilibrio, sería con una caída de precios, los mismos serían insuficientes para cubrir los costes de producción de los olivares extensivos, con lo cual más del 70% del olivar mundial quedaría en pérdidas siendo exclusivamente rentables los olivares de más elevada densidad o intensificación.

La olivicultura requiere medidas urgentes que han de ir enfocados en dos vías, una de carácter supraorganizacional y que consista en un distintivo oficioso de singularización, similar a como sucede por ejemplo con el vino francés o el jamón ibérico español, de este modo se creará el entorno adecuado para que se pague por ellos un valor añadido en el mercado, el resto se consigue, por parte de las compañías, de las empresas, mediante la aplicación de estrategias de mejora de precios, (singularización, diferenciación, innovación, etc.) y/o herramientas encaminadas a la reducción de costes, como es el caso de la integración vertical, horizontal, cooperación, explotación mediante empresa de servicios. o simplemente para olivares pequeños, excesivamente deprimidos, de difícil acceso, etc. desinversión radical.

Manuel Parras: Todo depende de lo capaces que sean los productores de aumentar la demanda mundial. Si se ponen los mismos esfuerzos en desarrollar la demanda que se destinan a aumentar la oferta, no habría que preocuparse demasiado. Sin embargo, mucho me temo que el sector productor sigue estando, todavía, más orientado a la producción que al consumo. En este escenario, lógicamente la caída de precios en origen sería importante. No hay que olivar que, en el período 2000-2014, el precio medio en origen de los aceites de oliva ha sido de 2,14 euros/kg. A este precio, hay una buena parte del olivar español que no es rentable siquiera con las ayudas PAC.

Es cierto que el régimen de cultivo familiar de “fin de semana” ha funcionado. Los olivareros no imputan sus costes laborales en las cuentas de la rentabilidad del olivar y, así, aún es rentable mucho olivar. Pero el relevo generacional no se está dando como debiera y muchos de los olivareros están envejeciendo y no pueden hacerse cargo de la gestión de sus cultivos. Sus hijos tampoco pueden porque no están en el territorio. Han sido desplazados. Lamentablemente, el olivar ha anclado a muy pocos jóvenes en las zonas rurales. En este escenario hay una buena parte del olivar que corre riesgo auténtico de abandono. Y este asunto es relevante porque buena parte de este olivar es el que más nos provee de bienes públicos. Obviamente, el olivar superintensivo, intensivo e incluso el tradicional de regadío sí serán rentables, por este orden.

¿Qué hacer? Creo que algo se está haciendo, pero hay que intensificar mucho más los ejes de desarrollo de la oleicultura española. Un asunto capital es crear secciones de gestión de fincas, cultivo compartido y asistido, en suma. Pero a estas iniciativas, han de sumarse otras que están recogidas en un libro reciente editado por Cajamar Caja Rural, coordinado por el profesor Gómez-Limón y por mí. Pensamos que hay cuatro ejes de desarrollo importantes: aumentar la competitividad de las explotaciones olivareras y de las empresas oleícolas; mejorar las relaciones entre el sector y el territorio para generar valor y bienestar social: diversificación y sostenibilidad; intensificar la orientación al mercado y la internacionalización del sector productor, como vía para valorizar los aceites de oliva y lograr una mayor presencia de los productores en los mercados finales; e implementar adecuadamente la transformación digital o “smart oleoagro”, la bioeconomía, la economía circular e innovar.


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