“Los grandes retos fitosanitarios del olivar andaluz”, por Manuel Ruiz (Laboratorio de Sanidad Vegetal de Jaén)

sanidad vegetal

por Manuel Ruiz
Laboratorio de Sanidad Vegetal de Jaén

Manuel Ruiz Torres, responsable de Entomología del Laboratorio de Producción y Sanidad Vegetal de Jaén, analiza los grande retos que tiene que afrontar el olivar andaluz para garantizar la sanidad vegetal y con ello la calidad de sus producciones.

El olivar se enfrenta a cambios significativos que tienen incidencia en la sanidad vegetal, y que suponen retos importantes que hay que tener en cuenta, y que son de dos tipos: unos están en relación al medio ambiente, y otros son particulares del cultivo.

Retos ambientales

1- Cambio climático
En nuestro clima, parece ser que el cambio climático está haciendo más calurosa y prolongada la época estival, que comienza desde el último tercio de la primavera y se prolonga hasta bien avanzado el otoño. El clima benigno llega hasta casi el final del otoño, y los rigores del frío invernal se producen en menos días del invierno.

Con este escenario, pueden aparecer cambios en la abundancia y dinámica de poblaciones de insectos, con modificaciones en el desarrollo de los ciclos vitales e incluso incremento del número de generaciones anuales. En los últimos años se ha observado que la generación estival de la mosca del olivo (Bactrocera oleae) se reduce mucho, pasando casi inadvertida en la mayoría de las comarcas olivareras, debido a las altas temperaturas.

Sin embargo, en otoño ha sido frecuente tener dos generaciones (en zonas en las que el frío permitía sólo una), de tal manera que en fechas en las que se inicia la recolección temprana, se han alcanzado los picos máximos de población. Esta circunstancia ha modificado sensiblemente la estrategia de lucha, porque los umbrales de decisión se han acercado a los momentos de recolección, con todo lo que implica en la elección del insecticida adecuado según los plazos de seguridad.

También se han tenido observaciones puntuales del inicio de una generación otoñal de barrenillo del olivo (Phloeotribus scarabaeoides), circunstancia totalmente inusual (observación personal). Y en una zona del sur de Córdoba, que ha sufrido importantes daños a causa del algodoncillo (Euphyllura olivina), se han encontrado al menos cuatro generaciones de esta plaga (en Andalucía siempre se han descrito tres).

En relación a las enfermedades, también se están observando algunos hechos que pueden dar pistas sobre el nuevo escenario. Así, en otoño, en amplias zonas de Andalucía, en los dos últimos años han coincidido días de temperaturas muy benignas (superiores a 15ºC) con fuertes rociadas que dejaban la masa foliar con agua libre durante las primeras horas de la mañana. El desarrollo de muchos hongos se ve favorecido. Y sin poder atribuir todavía una clara relación de causa y efecto, no sería descabellado pensar que estas circunstancias meteorológicas puedan estar detrás del incremento puntual de daños producidos por hongos no habituales, como lepra (Neofabraea vagabunda) o el incremento de daños en aceituna de repilo plomizo (Pseudocercospora cladosporioides), que tampoco suelen ser frecuentes.

En definitiva, esta situación paulatina de cambio climático también va a traer modificaciones en la sanidad vegetal del olivar: cambios en los ciclos biológicos, agentes que incrementan su presencia y otros que disminuyen. Por ejemplo, Ponti et al.(2014) han realizado un modelo sobre la futura incidencia de la mosca del olivo (Bactrocera oleae) en función de las previsiones de cambio de clima, llegando a establecer cambios significativos en la importancia regional de esta plaga a causa del cambio climático.

2- Impacto y degradación ambiental
La implantación de un modelo intensivo de agricultura, desde mitad del siglo XX, llegando a la máxima simplificación de los agroecosistemas, ha dado lugar a unos campos insostenibles, desde el punto de vista ecológico y económico. En el olivar, esta degradación ambiental también está teniendo efectos acumulados en la sanidad vegetal.

Por poner sólo dos ejemplos, de los muchos que pueden encontrarse en la bibliografía sobre este punto, Duarte et al. (2008) hacen una buena síntesis sobre la biodiversidad en el olivar andaluz; y Ruiz-Torres (2012) ofrece una reflexión sobre la biodiversidad y la sanidad vegetal del olivar. En general, cuando un sistema natural se simplifica al máximo (en el caso del olivar, ha quedado reducido a la mínima expresión en amplias zonas: olivo y suelo, únicamente), se vuelve más frágil frente a las perturbaciones.

Hay muchos estudios que ponen de manifiesto la importancia de los servicios ecosistémicos de la biodiversidad, es decir, la utilidad que tienen para el cultivo la presencia de determinadas especies vegetales y animales no productivas, pero que incrementan la rentabilidad de la explotación al reducir los inputs. Por ejemplo, Paredes et al. (2013) ponen de manifiesto la sinergia entre la vegetación natural y las cubiertas vegetales y los enemigos naturales de las plagas del olivar, y Porcel et al. (2016) describen el efecto de la vegetación en las poblaciones de crisópidos. El incremento de la biodiversidad y de la sostenibilidad ecológica del cultivo, proporcionan mayor rentabilidad que la ausencia de ambas.

Retos vinculados al cultivo

Al principio de este artículo se han identificado los más importantes, a saber:

1- La posibilidad de que aparezca Xylella fastidiosa en el olivar andaluz.
Lo más importante a tener en cuenta ante este reto fitosanitario, es:

– Hacer caso de las indicaciones de la normativa y de los especialistas. Es imprescindible no repetir los errores que se tuvieron por parte de todos con otra enfermedad contagiosa, incurable y mortal (la verticilosis), que ya se haya repartida por todo el olivar andaluz. Y esto pasa por una disciplina en el seguimiento de las indicaciones de los especialistas.

– Si no se tiene la enfermedad (que es la situación actual) es inútil hacer tratamientos insecticidas contra los posibles vectores, porque no llevan la bacteria, ni desaparecerán por completo sus poblaciones.

2- Escasez de métodos de control
Durante los últimos años, a raíz de la legislación de la Unión Europea, se han reducido considerablemente la cantidad de materias activas fitosanitarias para uso agrícola, y el olivar no ha sido una excepción, con el agravante de que en este cultivo la proporción de otros métodos de control (físicos, biológicos y biotecnológicos) es muy pequeña aún.

Esta situación supone un auténtico reto, porque a causa de los cambios ambientales, van a cobrar más importancia plagas y enfermedades que ahora no lo son, o son minoritarios, y para los cuales no hay registros fitosanitarios en la actualidad.

Para abordar este reto es importante seguir los siguientes puntos:

– Restringir los tratamientos fitosanitarios sólo cuando sea estrictamente necesario, y si es posible, por indicación de un asesor/ra técnico/a.

– Seguir los criterios de la Gestión Integrada de Plagas (GIP), en especial, aquellos relativos a la toma de decisiones para con los tratamientos fitosanitarios (Martin-Gil y Ruiz-Torres, 2014). Lo ideal sería estar dentro de una Agrupación de Producción Integrada (API).

– Utilizar los servicios ecosistémicos  del cultivo para fortalecerlo frente a la acción de plagas y enfermedades. En este sentido, se está generando mucho conocimiento sobre lo necesario para asentar e incrementar las poblaciones de depredadores y parasitoides.

El uso de los servicios ecosistémicos requiere de una formación por parte de asesores técnicos, porque son tecnologías novedosas que implican un auténtico diseño del agroecosistema.

3- Por último, la formación continua de todo el sector sigue siendo una materia pendiente, que constituye un auténtico reto.
Hay varias necesidades de formación:

– Formación básica del agricultor. Todavía se mantienen muchos criterios obsoletos frente a las plagas y enfermedades y sus métodos de control.

– Formación básica de asesores técnicos. No faltan los asesores que no han sabido reciclarse en los criterios de la GIP.

– Formación contínua de los asesores técnicos. Este ámbito de formación incluye los programas de estudio que permitan el acceso a las novedades en la sanidad vegetal del olivar.

Lo recomendable sería que cada vez mayor número de explotaciones se organizaran en torno a APIs. Y por último, desterrar la mentalidad que hay tras la expresión “Toda la vida de Dios se ha hecho así”, que encierra un conocimiento muchas veces obsoleto, que dificulta acoger las medidas necesarias para una sanidad vegetal que está cambiando profundamente.


2 respuestas a ““Los grandes retos fitosanitarios del olivar andaluz”, por Manuel Ruiz (Laboratorio de Sanidad Vegetal de Jaén)

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