Los 40 años de la Constitución del aceite de oliva: cuando costaba 115 pesetas el litro y se producían 450.000 tn

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Durante estas semanas se han escrito y dicho miles de cosas sobre los 40 años de la aprobación de la Constitución Española, ratificada en el referéndum del 6 de Noviembre de 1978. Entre ellas pocas -o ninguna- se han acordado del aceite de oliva, de cómo era el sector olivarero e industrial de aquella época, tan distinto al de hoy en día.

Cuando el Gobierno de turno era quien tenía potestad para fijar los precios de venta al público, en aquellas épocas de inflación desbocada. Cuando por aquel tiempo el Consejo de Ministros de turno aprobaba un subida del 20% en el precio en origen al pasar de 80 a 96 pesetas el kilo, con un precio de venta al público del aceite de oliva de entre 115 y 120 pesetas. Un quebranto muy importante para miles de productores que veían como sus costes de producción no bajaban de las 152 pesetas de entonces, mientras que la poderosa Unión de Agricultores  y Ganaderos del Estado Español (UAGA) solicitaba un precio mínimo de garantía de 120 pesetas-kilo, con revisiones trimestrales. Mientras, la Dirección General de la Producción Agraria del Ministerio de Agricultura cifraba los costes de producción sin beneficios en 99,05 pesetas-kilo.

Cuando España producía una media de 2,2 millones de toneladas de aceituna y 450.000 toneladas y resultaba muy complicado exportar más de 100.000 ó 125.000 toneladas por campaña.

En aquella época, el sector daba empleo a 800.000 jornaleros, en zonas de mucho paro y escasa renta per cápita. Ya por entonces, el oliva tenía que enfrentarse a la competencia del girasol y la americana, con precios de 87 y 70 pesetas respectivamente, y costes de recolección muy bajos.

Un sector el olivarero concentrado en muy pocas manos de aquella época, cuando el 1,5% de los olivareros controlaban el 21% de la superficie de olivar, especialmente en Andalucía.

Un sector que en lo empresarial también era muy diferente al actual en sus actores principales, con alguna excepción, tras la irrupción de los aceites de oliva refinados que dejaban de lado el consumo de los aceites vírgenes. No hay que olvidar que a mediados de la década de los 70, el consumo de aceites de oliva vírgenes en España supera los 52 millones de litros, que bajaron  hasta los 12 millones de forma brutal a comienzos de los 90 del siglo pasado.

Como bien destacada Agustín López Ontiveros en su estudio sobre el sector en los años 70, destacan en la comercialización y exportación nombres  como Aceites Cochs/ACACESA  de Reus, Carbonell de Córdoba, Establecimientos Moro de Málaga, Exportadora Continental de Madrid participada por Salgado y Bau, Fontoil de Madrid, Olivarera Andaluza de Madrid, Minerva de Málaga, Hispanoliva integrada por Koipe y Viudad de Manuel Guillén en Córdoba y Salgado y Cia, UTECO Jaén, Elosúa, Arlesa, Aceprosa…

Un sector el aceitero en general en el que las multinacionales extranjeras -Cargill, Bunge, Unilever o Beatrice Foods- ya tomaban posiciones. España abría sus puertas al capital extranjero. Aunque no sería hasta la década de los 90 cuando se produce su desembarco en el sector del aceite de oliva español de la mano de Unilever y Montedison.

Y es que 40 años dan para mucho.


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